El ingeniero siempre confiado en sí mismo
Sobre tener 26 años, cargar responsabilidades enormes y nunca dudar de que puedes con todo.
A los 25 me nombraron Gerente de Línea Analítica en Auditoría Interna de un banco en proceso de fusión. La gente esperaba que me sintiera abrumado. Que pidiera más tiempo. Que dijera "no estoy listo". Nunca lo dije, porque nunca lo sentí.
No es arrogancia. Es algo más simple: yo sé lo que puedo hacer. Y cuando sabes lo que puedes hacer, la edad es irrelevante. El título es irrelevante. Lo único que importa es la claridad con la que ves el camino y la determinación con la que lo recorres.
La confianza no se busca — se construye
La gente habla de "encontrar confianza" como si fuera algo que se pierde y se encuentra debajo del sofá. No funciona así. La confianza es un músculo. Se construye con cada proyecto que sacas adelante. Con cada problema que resuelves cuando nadie más quiso tocarlo. Con cada decisión que tomas sabiendo que estás en la línea si sale mal.
Cuando tenía 22 y estaba empezando, ya estaba construyendo cosas que nadie me había pedido. Automatizaba reportes que otros hacían a mano. Aprendía Python cuando el resto de mi departamento usaba solo Excel. No porque quisiera impresionar a alguien — porque sabía que había una forma mejor y no podía quedarme quieto.
Cada una de esas acciones fue un ladrillo. Y para cuando llegó la oportunidad de liderar, la base ya estaba puesta. No tuve que convencerme de que podía. Lo sabía.
La confianza en ti mismo no se negocia. Es lo primero que llevas a cada reunión, cada proyecto, cada decisión. Si tú no crees que puedes, nadie lo hará por ti.
26 años y responsabilidades de alguien de 40
Gestionar equipos. Liderar proyectos de transformación digital. Presentar resultados a directivos. Tomar decisiones que impactan procesos de todo el banco. Todo esto a los 26.
¿Es mucho? Sí. ¿Me pesa? No. Y no es porque sea fácil — es porque elegí estar aquí. Nadie me obligó a buscar más responsabilidad. Nadie me forzó a levantar la mano cuando otros se quedaban callados. Cada oportunidad que tengo hoy es consecuencia directa de haber dicho "yo lo hago" cuando otros dudaban.
La edad se convierte en tema solo cuando tú la haces tema. Si entras a una sala de reuniones pensando "soy el más joven aquí", ya perdiste. Si entras pensando "tengo la solución a este problema", nadie pregunta cuántos años tienes.
Lo que realmente importa: sentirte capaz
Hay personas con décadas de experiencia que no se sienten capaces de tomar decisiones sin consultar a cinco personas primero. Y hay personas jóvenes que analizan la situación, confían en su criterio y actúan. La diferencia no es el tiempo en el puesto — es la relación que tienes contigo mismo.
¿Me equivoco? A veces, claro. Pero un error no define tu capacidad. Lo que te define es cómo reaccionas: ¿te paralizas y empiezas a dudar de todo, o corriges el rumbo y sigues?
Yo siempre sigo. No por terquedad — por convicción. Si entendí bien el problema, si hice mi análisis, si confío en mi criterio, entonces una equivocación es un dato más, no una sentencia. Corriges, aprendes, avanzas.
El mensaje para el que empieza
Si estás empezando tu carrera y sientes que eres capaz de más de lo que te están dando, probablemente tengas razón. No esperes a que alguien te diga que estás listo. Demuéstralo con hechos.
- Haz lo que nadie te pidió. Automatiza algo. Mejora un proceso. Presenta una propuesta sin que nadie te lo haya solicitado. Las oportunidades más grandes de mi carrera vinieron de cosas que hice por iniciativa propia.
- No pidas permiso para crecer. Aprende la habilidad nueva. Toma el proyecto difícil. Levanta la mano cuando pregunten "¿quién quiere hacerse cargo?"
- Confía en tu criterio. Vas a encontrar gente que te diga que eres muy joven, muy nuevo, muy ambicioso. Esa gente está hablando desde su propia limitación, no desde la tuya.
- La seguridad en ti mismo es tu activo más valioso. Más que cualquier certificación, más que cualquier título, más que cualquier herramienta. Porque todo lo demás se puede aprender. La confianza en que puedes aprender cualquier cosa — esa es la raíz de todo.
No hay techo
A los 26 soy gerente. ¿A los 30 qué seré? No lo sé. Pero sé que será más. No porque lo haya planificado en un Excel de 5 años, sino porque nunca me he puesto un techo. Cada logro es un piso nuevo, no un destino.
La gente que se pone techos lo hace por miedo. Miedo a fallar, miedo a la ambición, miedo a que otros los juzguen por querer más. Yo prefiero que me juzguen por intentar demasiado que por haberme conformado.
Si tienes la capacidad y lo sabes — actúa como si lo sabes. El mundo se adapta a la gente que se mueve con convicción.