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Innovación Febrero 2026 8 min

El arte de conectar: cuando escuchar se convierte en innovación

La innovación no nace del código. Nace de entender el problema tan profundamente que la solución se vuelve inevitable.

Todo empezó escuchando. No en una sala de reuniones, ni en un workshop de innovación, ni en una presentación con slides bonitas. Empezó en conversaciones normales — sentado con la gente que ejecuta los procesos día a día, preguntando cosas simples: ¿qué haces primero? ¿qué te toma más tiempo? ¿qué parte te frustra?

La mayoría de las personas que quieren innovar empiezan con la tecnología. Buscan el modelo, la herramienta, el framework de moda. Yo empecé al revés. Empecé escuchando.

La escucha activa como herramienta de innovación

Hay una diferencia enorme entre oír y escuchar. Oír es esperar tu turno para hablar. Escuchar es entender el dolor de la otra persona tan bien que puedes describirlo mejor que ella misma. Cuando llegas a ese punto, la solución aparece sola.

En auditoría interna, cada proceso manual tiene una historia detrás. Alguien lo diseñó hace años con las herramientas que tenía. Alguien más lo heredó y le añadió pasos. Otro lo documentó a medias. Para cuando llega a ti, es una cadena de decisiones que nadie cuestiona porque "así se hace".

Pero cuando te sientas con la persona que lo ejecuta y realmente escuchas, descubres las grietas. Los 30 minutos que pasa copiando datos de un sistema a otro. La hora que dedica a formatear un reporte que nadie lee completo. Los errores que corrige manualmente porque el sistema no los atrapa.

La innovación más poderosa no viene de inventar algo nuevo. Viene de entender algo viejo tan profundamente que puedes transformarlo.

Crea la innovación, los permisos vienen después

Cuando identifiqué el primer proceso que podía automatizar, no pedí autorización. No presenté un business case. No armé un comité. Lo construí.

En mi tiempo libre, en horas que otros usaban para otra cosa, empecé a construir la solución. Un script que hacía en 15 minutos lo que tomaba 3 días manuales. Misma calidad. Cero errores. Repetible infinitamente.

Cuando lo presenté, no estaba pidiendo permiso para innovar. Estaba mostrando un resultado. Y eso cambia completamente la conversación. Ya no es "¿nos dejan intentar algo nuevo?". Es "esto ya funciona, ¿lo escalamos?".

Ese es el principio que me ha guiado: propón la innovación o créala tú mismo. Los permisos llegan cuando los resultados hablan.

De un script a 80,000 horas

Lo que comenzó con un proceso evolucionó hacia algo mucho más grande. De scripts individuales pasamos a Agentes de IA que ejecutan flujos completos de auditoría. Sistemas que extraen, analizan, clasifican y documentan — liberando más de 80,000 horas-hombre anuales.

Pero nada de eso habría existido sin esas primeras conversaciones. Sin sentarme a escuchar. Sin entender el "por qué" antes del "cómo".

Las habilidades técnicas importan. Python, Machine Learning, arquitectura de datos — todo eso es necesario. Pero es la segunda mitad. La primera mitad, la que realmente crea valor, es la capacidad de conectar con las personas que viven el problema.

La innovación es un acto de empatía

Suena contradictorio. La innovación tecnológica se imagina como algo frío, lógico, de laboratorio. Pero en la práctica, especialmente dentro de organizaciones, la innovación es profundamente humana. Necesitas entender frustraciones, aspiraciones, miedos al cambio, resistencias legítimas.

Cada persona que te cuenta su proceso te está dando un mapa. Si lo lees bien, te muestra exactamente dónde la tecnología puede multiplicar su capacidad sin reemplazar su criterio. Eso no se logra con un algoritmo. Se logra escuchando.


Si quieres innovar en tu organización, no empieces buscando herramientas. Empieza teniendo conversaciones. La mejor tecnología resuelve problemas que primero alguien se tomó el tiempo de entender.