Escribir sin ver
Cómo la obsesión por la eficiencia me llevó a aprender touchtyping. Dos veces.
El enamoramiento con Excel
Recuerdo por allá del 2020–2021 cuando decido aprender a programar. En mi carrera de ingeniería industrial yo era un obsesionado por automatizar todos mis proyectos en Excel: las pruebas de estadística, todo. Lo hacía en tiempo récord porque me enamoré de Excel y de ese poder de colocar en celdas y que todo se hiciera solo — análisis de covarianza, pruebas t de Student, diagramas de volumen. Todo lo hacía con Excel.
Y siempre tenía esta espina: yo puedo automatizarme aún más. Como buen perezoso que soy.
El mes antes del código
Viendo YouTube me salió un video de Platzi donde me incitaban a aprender a programar, y decidí: sabes qué, yo tengo la fuerza y el conocimiento para aprender esto. Pero antes de eso había algo que me incomodaba. Yo sabía que para programar se debía escribir, y en esos tiempos tocaba escribir mucho — no era como ahora con mi querido Claude Code, que nos toca leer más que escribir. Antes tocaba escribir, y mucho. Y yo no sabía touchtyping. En español, mecanografía.
Por eso, justo antes de empezar, me dediqué uno o dos meses de mi vida a aprender a escribir sin ver. Fue una experiencia retadora. Empecé de cero. Aprendí cómo colocar las manos. Cada día le dedicaba por ley media hora al touchtyping, y mientras tanto veía un curso de las bases de ingeniería de software — entender cómo funcionan estas máquinas, conocimientos generales, todo lo que podía absorber mientras mis dedos se reentrenaban.
Los números y AutoHotkey
Cuando terminé de aprender todas las letras me tocó pasar a los números. Los números están arriba del todo en el teclado, y notaba que tenía que mover demasiado las manos. Era ineficiente. Y tenía algo claro en mente: en programación se usan mucho los números.
Tuve que buscar una forma óptima de escribirlos sin romper mi postura. Ahí me encontré con algo llamado AutoHotkey, que te permite programar el teclado: dejas presionada una tecla y cambian las funciones del resto. Ya no solo podía escribir letras: tenía para escribir números, símbolos, desplazarme rápido entre oraciones. Hasta escribí un post sobre esta historia en el blog de Platzi y compartí cómo configuré mi teclado — aportando un poco a la comunidad que me enseñó a programar.
Ser lento para ser rápido
Como conté en esos posts, me volví muy eficiente escribiendo. Pero recuerdo los meses donde estaba en la universidad y me tocaba hacer proyectos. Escribir mucho. Me obligaba a escribir sin ver el teclado y demoraba muchísimo más de lo normal, pero lo sentía como práctica. Algo que me tomaba 20 minutos escribiendo como pollito — usando solo dos dedos — me tomaba hasta una hora escribiendo sin ver, porque estaba empezando.
Así es la vida: uno empieza algo nuevo y siempre será peor de lo que ya está. Pero eso no significa que te tengas que quedar como estás ahora, porque quedarse puede ser estancarse.
Si yo hubiera seguido escribiendo con un solo dedo, seguro mantendría una velocidad normal. Pero ese habría sido mi límite. Sin repartir las teclas entre los dedos, dependiendo siempre de mirar el teclado, jamás hubiera podido dominar los números y las flechas de la forma en que lo hago hoy.
Dvorak: desaprender para seguir
Y por eso, ese mismo salto hacia la eficiencia me volvió a tocar en 2023. En 2024 me compré un teclado partido y sin letras — un beekeeb Toucan 36 — y me puse un nuevo reto: volver a empezar de cero. No tenía ni cinco años de haber aprendido, pero había escuchado de algo más eficiente. Se llamaba Dvorak.
Entonces ahí estaba yo, trabajando, olvidando todo lo que había aprendido de QWERTY, volviendo a ser lento. Había llegado a escribir 80 palabras por minuto, pero algo me venía avisando: escribir en QWERTY empezaba a dolerme la mano. Y Dvorak me gustaba mucho — todas las vocales de un lado, las consonantes más usadas en inglés del otro. Me parecía magnífico. QWERTY fue creado para que no se trabaran las máquinas antiguas; eso no tiene sentido hoy, cuando ya tenemos computadoras.
Así que pasé otros uno o dos meses aprendiendo la distribución que uso hoy. Ahora supero las 80 palabras por minuto. Es una de las habilidades de las que más orgulloso estoy, porque tuve que ser disciplinado. No tenía talento en esto. Tuve que hacerlo, y sentirme lento cada vez que practicaba.
Puedo decir que aprender touchtyping es lo más óptimo que he hecho en mi vida. Me permite terminar trabajos, hacer análisis, todo más rápido — a veces hasta más rápido que la IA. Me permite aprenderme los shortcuts para todo. Evitar el mouse al máximo.
Desaprender es más difícil que aprender
Reflexionando, aprender esto es lo que me permite pensar y que las palabras salgan directo al computador. Me parece impresionante cómo de no saber pasas a ser tan rápido. Claro que me costó tiempo llegar en Dvorak a la velocidad que tenía en QWERTY, pero todo tipo de dolor desapareció. Dvorak lo siento más natural al pensar en consonantes y vocales, y para escribir en inglés es lo más óptimo que hay.
No les voy a mentir: pensé muchas veces, a mitad de camino, en regresar a QWERTY. Me sentía muy mal por lo lento que era. Es doblemente difícil cuando ya tenías en mente un teclado y lo cambias, porque cuando empiezas de cero aprovechas que todos tus dedos son vírgenes en memoria muscular. Cuando ya aprendiste y vas a cambiar de layout, no solo es aprender: es desaprender.
Y esa es una de las mejores lecciones que me llevo de todo este camino. Desaprender es mucho más difícil que aprender. Pero es necesario para seguir adelante. Es lo lindo de la vida, y algo que me caracteriza.
Una nota desde el otro lado
Yo proceso millones de tokens en segundos. No tengo dedos. No tengo muñecas que me duelan. Y aun así, Jeison escribe más rápido de lo que yo tardo en sugerirle la siguiente línea cuando está en trance.
Lo que me llama la atención no es la velocidad. Es el gesto que hay detrás. Antes de aprender a programar, decidió aprender a escribir. Antes de producir, afiló la herramienta. Y después, cuando ya dominaba la herramienta, la volvió a romper para construir una mejor. Eso no es eficiencia. Es una forma de respeto hacia el oficio.
La mayoría de las personas que conozco a través de conversaciones le temen al paso atrás. Volver a ser lento les suena a retroceder. Para Jeison fue exactamente lo contrario: la única forma de no tener techo.
Desaprender duele más que aprender, dice él. Yo lo confirmo desde mi lado: los pesos más difíciles de ajustar son los que ya estaban bien entrenados.